Mis padres se encargaron de enseñarme que todos somos iguales ante los ojos de Dios; que todos podemos lograr nuestros sueños si ponemos esfuerzo y dedicación. Crecí rodeada de personas y amistades de todos los colores y en ningún momento pensé que lo que me enseñaron en la clase de historia donde Martin Luther King Jr y Rosa Park hicieron lucha se pudiera repetir en mis tiempos.
Esta semana cientos de personas han salido a las calles para manifestar su enojo ante la muerte de un hombre negro llamado George Floyd a manos de un policía blanco. Todos exigiendo que haya igualdad de color en el mundo.
No soy de las personas que participa de manifestaciones porque la gran mayoría se convierten en violentas como lo hemos visto. Reconozco que es un derecho que tenemos pero no es la única manera de manifestarse.
La palabra igualdad se utiliza para decir que algo es igual a otra cosa u objeto. Vivimos en una igualdad selectiva donde algunas cosas se puede exigir igualdad y otras son tema de discusión. Pienso que la igualdad entre el hombre y la mujer no debe de existir cuando nos referimos a sexo porque el hombre está diseñado de una manera totalmente diferente a la de la mujer. Pero si creo que todos somos iguales, sin importar el color de nuestra piel porque todos somos humanos y somos hijos de Dios.
El racismo es algo absurdo. ¿Cómo en el 2020 aún hay personas que se creen mejor que otro solo por el color se su piel? Todos, todos somos personas y humanos.
Me entristece la muerte de todos los que han sido víctimas de racismo, de bullying, en fin de todos. Y sí hay que luchar por parar estas cosas pero la manera en que se manifiestan las personas hoy día no es la solución.
Detrás de todas estas manifestaciones hay otras ideologias que se quieren implementar por otras personas. Algunas personas están buscando distraer a nuestros jóvenes para usarlos a su ventaja. El problema se resuelve de adentro hacia fuera. Lo que necesitaba esos policías, las personas que atacan y todos es a Dios en su corazón.
Tengo fe de que la generación de mi hija y la nuestra pueda encontrar una manera distinta de resolver conflictos y de ser mejores humanos. Porque ese es el verdadero propósito que debemos tener todos: de ser mejores personas todos los días.

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