Blog: La clase que nunca fuí.
¿Haz tenido la oportunidad de ir a la feria? Allí siempre hay montañas rusas gigantescas y cada día son más grandes. Vas con la motivación de montarte en todas y cada una de esas machinas. Solo qué hay un detalle: le tienes miedo a las alturas. ¿Te ha pasado? A mi sí. Esto también pasa con nuestras vidas.
La vida y las montañas rusas son muy parecidas. Ambas son grandes y tienen altas y bajas. Son toda una aventura. Pero muchas veces tenemos miedo a cambios espontáneos de velocidad y preferimos no montarnos. Nuestros padres y maestros se encargan de enseñarnos a caminar y nos comparten sus experiencias. Aprendemos las materias básicas pero no hay una clase de la vida donde nos preparan para los cambios que enfrentaremos como lo es entrar a la universidad, casarnos, tener nuestro primer trabajo, renunciar o hasta el fallecimiento de un ser querido. Esas son cosas que sabemos que pasaran pero nos da miedo enfrentarlas.
Me acuerdo el primer día de universidad. Llegué bien temprano pero me encontré sola y llamé a mi madre porque tenia nervios. Y sí, suena chistoso ahora pero era un cambio drástico en mi vida. Tuve que recurrir a alguien para fortalecer mis pasos.
Le tenemos miedo a las alturas porque estamos cómodos y seguros en la tierra. Pasamos mucho tiempo en la escuela que cuando salimos al mundo nos da miedo. Esto no significa que no aspires a estar en otro nivel por el miedo. Nunca sabrás lo divertido que es la montaña rusa si no te montas en ella.
En la palabra de Dios hay grandes hombres y mujeres que vencieron el miedo y cumplieron el propósito de Dios porque decidieron creer y tener fe. Tenemos un David, que se enfrentó a un gigante. Un Moisés, que con la ayuda de Dios, dividió el mar, llevando a su pueblo a la tierra prometida. Y Jesus aceptó el reto más grande para cual fué escogido. Venció la muerte, para que tu y yo hoy fuéramos salvados del pecado.
Para jugar en la grandes ligas hay que estar dispuesto a jugar en grande. No dejes que el miedo se apodere de tu vida. No permitas que el enemigo ponga un freno en tus sueños y propósitos que Dios tiene para ti. Vístete todos los días con la armadura de Dios, como lo dice en Efesios 10. Enfrenta los grandes retos de la vida con el cinturón de la verdad y con la coraza de la justicia. Camina siempre con el calzado correcto. Sujeta el escudo de la fe y el casco para protección. Y la espada que es la palabra de Dios. Ora en todo momento y preséntale a Dios tus miedos y cargas. Con esto, estarás listo para enfrentar la montaña rusa más grande del mundo y pasar la clase que nunca cogiste.
Escrito por: Cristina Oquendo

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