Apoyar con Obras

En esta semana comenzé un Bible Study junto a un grupo de chicas. Decidimos que estudiariamos el libro de Santiago por dos semanas. El libro de Santiago se encuentra en el Nuevo Testamento y forma parte de las Epístolas Generales. Estas epístolas son: Santiago, primera y segunda de Pedro, primera, segunda y tercera de Juan y Judas. Son dirigidas a las personas de la Iglesia, no ha una persona en particular. Podemos aprender mucho de todos los libros. En esta ocasión nos enfocaremos en el libro de Santiago.

Dos versículos que captaron mi atención al comenzar a leer Santiago fueron 1:22 y 2:20 que dicen:

_pero-sed-hacedores-de-la-palabra-y-no-tan-solamente-oidores-enganandoos-a-vosotros-mismos_-santiago-1_22_mas-quieres-saber-hombre-vano-que-la-fe-sin-obras-es-muerta_-santiago-2_20

Estos dos versículos nos ayuda a reflexionar en lo que nosotros hacemos como cristianos. Muchos pasan tiempo congregandose cada domingo y leyendo la palabra solamente. Y cierto es que tenemos que ir a la iglesia a escuchar la palabra de Dios y escudriñar la palabra pero son pocos los que con esa palabra hacen obras. La misma palabra nos dice en santiago 1:22 (DHHD)  que no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos. Igual con la fe. La fe viene por el oir y el oir de la palabra pero si no la pones en práctica no funciona, es muerta.

Me he preguntado mucho, ¿de qué vale que Dios me bendiga, me haga prosperar, me dé sabiduría y palabra si no puedo ser de bendición para otros? Y eso me ha enseñado que cuando Dios te bendice no lo hace solamente para ti sino para otros que te rodean. Porque tal vez eres la única en tu grupo que eres creyente y de que sirve que te quedes callada cuando sabes que un compañero está pasando por una situación.

 Cada día hay que dar de uno. Esto se llama sacrificio, igual como lo que hizo Jesús por cada uno de nosotros. Asi como tu aceptas a tus amigos tal y como son y darias la vida por ellos, Dios quiere que salgas y des de ti a los que necesitan. Al que está en tu trabajo, al compañero de clases, a tu vecino, a tus amigos y tu familia. A través de tus obras ellos verán lo bueno, agradable y misericordioso que es Dios.

Escrito por: Cristina Oquendo

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